Relatos de Expulsados

Los siguientes relatos fueron parte de la documentación salvadoreña puesta en manos de los representantes de organismos internacionales para probar la acusación de genocidio contra el gobierno hondureño, y han sido extraídos del Libro Blanco publicado por el gobierno de El Salvador en 1969. Abarcan desde el simple despojo, la coacción y el amedrentamiento de las personas, hasta la extinción colectiva y brutal de ellas. 

 

EL CASO DORDELLY: DOS NIÑOS COLGADOS Y UNA MUJER ASESINADA Y MUTILADA

 

ESCRITURA NÚMERO CATORCE (DECLARACION DE PARTE OFENDIDA o AD-INQUIRENDUM). En la Ciudad de Managua, Distrito Nacional, a las nueve de la mañana del día treinta de junio de mil novecientos sesenta y nueve, ante mí, JOSE MANUEL DOMINGUEZ, ABOGADO Y NOTARIO PUBLICO DE LA REPUBLICA DE NICARAGUA, de este domicilio y residencia, y ante los testigos instrumentales e idóneos que en la conclusión nominaré. Comparece el Señor EDUARDO DORDELLY RODRIGUEZ de veintinueve años de edad, casado, hoy viudo, afilador de sierras de cinta, y que fue del domicilio del POBLADO DE CHINCHAYOTE, DEPARTAMENTO DE SAN MARCOS DE COLON, REPUBLICA DE HONDURAS, hasta hace poco de tránsito aquí en Managua, y dice: PRIMERO. Que es de nacionalidad SALVADOREÑA, nacido en la Ciudad de San Salvador, el día siete de octubre de mil novecientos cuarenta, en la Re-pública de El Salvador, que sobre el terrible genocidio que se cometió en la persona de su esposa e hijos, QUE hace como unos seis meses salió de su Patria para la República de Honduras, a trabajar al Poblado de CHINCHAYOTE, en los aserraderos de un señor también de nacionalidad salvadoreña llamado CARLOS MAGALDI S., donde afilaba las cuchillas de las sierras en el aserradero de esa región; que como a los tres meses de estar trabajando se fue a San Salvador a traer a su esposa de nombre CARMEN RODRIGUEZ CALDERON DE DORDELLY con quien había procreado dos hijos de nombre ENRIQUE DORDELLY RODRIGUEZ de DOS AÑOS DE EDAD y EDUARDO DORDELLY RODRIGUEZ de UN AÑO APROXIMADA-MENTE DE EDAD, los cuales se fueron con él a vivir al poblado ya dicho en la República de Honduras, que él no se dio cuenta que había habido un partido de balompié o fútbol entre El Salvador y Honduras, y que oía que se hablaba en el poblado en mal contra los salvadoreños; pero que él no le dio importancia a aquello y siguió su trabajo normal en el poblado; que siguió trabajando esa semana de los incidentes que se habían efectuado en otros pueblos de Honduras, ya que hasta ese momento no habían molestado a unos diez salvadoreños más o menos que vivían trabajando en los aserraderos de ese lugar; que sí, el día viernes veintitrés de este mes y año, vio a varios paisanos que huían para territorio nicaragüense y él recibió un cable de su familia donde le decían que se viniera para su casa ; pero aun así el nunca creyó qué le podía deparar de tan trágico el des-tino; que ayer domingo se levantó como de costumbre y a pesar ser domingo tenía que trabajar, ya que el señor CARLOS MAGALDI S., no estaba al frente del aserradero y cuando este señor no estaba él se encargaba de hacer las veces de jefe; que llegó a las seis de la mañana al aserradero y como a la hora de estar trabajando llegó una niña hondureña a decirle que su esposa la CARMEN, lo llamaba para que fuera a desayunar, que esta niña él la había visto por un comedor que hay en el Poblado, y que no sabe su nombre; que él no dejó de sentir cierto temor al dar-se cuenta que él ya habla desayunado y por lo tanto no creía que su esposa lo mandara a llamar; se encaminó a su casa y cuando llego encontró la puerta cerrada, había una CRUZ PINTADA EN SANGRE en la puerta de su casa y cuando la abrió vio con horror que sus dos pequeñas criaturas estaban colgadas de una vigueta del centro de la pieza, estaban ahorcadas y sus cuerpecitos tiernos se balanceaban; luego en la parte de atrás de la pieza ya en el patio estaba su esposa CARMEN, horriblemente mutilada, había sido degollada y el cuello casi arrancado o des-prendido del cuerpo; estaba semidesnuda con los PECHOS CORTADOS DE DONDE SANGRABA ABUNDANTEMENTE, es decir le cortaron a su esposa el BUSTO; que al ver tan horrible y macabro cuadro no sabe ni qué hizo, sólo recuerda que salió como loco huyendo por unas rocas hacia la montaña; que corrió como animal todo el día y cuando llegó a la frontera con NICARAGUA, tuvo que arrastrarse como TRES CUADRAS, porque él vid con sus propios ojos al EJERCITO REGULAR DE LA REPUBLICA DE HONDURAS, subidos o encaramados en los árboles donde estaban armados con rifles para disparar de seguro a todo SALVADOREÑO que pasara por la frontera cualquiera que sea el paso con NICARAGUA, y arrastrándose como serpiente con el estómago y los codos para que no lo vieran y le disparara el propio ejército de HONDURAS; que cuando asesinaron a su esposa y sus dos pequeños hijos, no había nadie en el poblado, ya que él no vio a nadie; que allí hay permanentemente un teniente de apellido QUE-ZADA y tres guardias de Honduras; que como salió huyendo no pudo darle sepultura a su esposa e hijitos y espera que alguien caritativo se lo haya hecho; que él salió huyendo sólo con la ropa que anda puesta y muestra ante el suscrito Notario sus zapatos enfangados y rotos por lo abrupto de las montañas; que él no sabe quiénes ASESINARON A SU ESPOSA E HIJITOS; ya que como repite llegó y no vio a nadie en el poblado; que se SIENTE OFENDIDO POR CUALQUIERA QUE SALGA COMPLICADO EN ESTE MACABRO ASESINATO A SANGRE FRIA CONTRA TRES INDEFENSAS PERSONAS; que también se siente ofendido contra las PROPIAS AUTORIDADES HONDUREÑAS, ya que ellos según vio en la frontera eran los que disparaban como se dispara a un conejo contra los pobres salvadoreños que salían huyendo; que espera algún día ir a Honduras a poner la denuncia y acusación de este terrible asesinato para que se castigue a los culpables; que desea irse a su Patria EL SALVADOR, lo más pronto posible a donde su familia; que donde él vive es don-de está su mamá en el final de la dieciocho avenida norte de San Salvador; que el terrible asesinato fue cometido ayer domingo veintinueve de junio como a los siete de la mañana en el POBLADO DE CHINCHAYOTE; que ha dicho la verdad, y sólo la verdad. El suscrito notario da fe que el señor EDUARDO DORDELLY RODRIGUEZ, es presa de un ‘terrible nerviosismo y tiembla de pies a cabeza ante el suscrito notario; al ir narrando los hechos llora amargamente, lo mismo es presenciado por los testigos instrumentales, le leí íntegra la presente escritura pública de su declaración al compareciente en presencia de los testigos Doctores ORLANDO QUIÑONEZ TORRES, soltero, y HUMBERTO OBREGON AGUIRRE, casado, abogados ambos mayores de edad y de este domicilio, la encuentran conforme, aprueban, ratifican y firman todos conmigo y YO EL NOTARIO DOY FE DE TODO LO RELACIONADO “lineado” “Honduras” “Abogados” “MENTE” VALEN. Enmendado “ABUNDANTE” VALE. EDUARDO DOR-DELLY RODRIGUEZ. — ORLANDO QUI-ÑONEZ TORRES. — Humberto Obregón Aguirre. — Dr. José Manuel Domínguez. —Abogado y Notario.

 

 

CASO DE DESPOJO Y ATROPELLO

En la ciudad de Santa Rosa de Lima, a las once horas quince minutos del día veintiséis del mes de junio de mil novecientos sesenta y nueve. Ante mí, RAFAEL ZALDI-VAR BRIZUELA, NOTARIO del domicilio de San Salvador, comparece el señor LEONI-DAS ESCOBAR, de Nacionalidad Salvadoreña, originario de esta ciudad, de veinticinco años de edad, comerciante en pequeño, portador de su Cédula de Identidad Personal número un millón cinco mil trescientos ochenta y ocho, y dice: “que es de su deseo declarar bajo juramento los hechos siguientes: que salió del país con destino a la República de Honduras en el año de mil novecientos cuarenta y nueve en compañía de sus padres Cornelio Escobar ya fallecido en la ciudad de Choluteca, y su madre Isabel Ortez, quien se encuentra en esta ciudad por haber regresado conjuntamente con el declarante; que vivieron primeramente en la ciudad de Nacaome durante ocho años dedicándose sus padres a la agricultura en propiedades de Maximina Umanzor; que posteriormente se dirigieron a la ciudad de Choluteca en. don-de han vivido durante doce años habiéndose dedicado sus padres al destace de semovientes y el compareciente les ayudaba en dicho menesteres; que su padre falleció en el año de mil novecientos sesenta y seis en la mencionada ciudad de Choluteca y el compareciente se dedicó al comercio teniendo un puesto en el mercado de Choluteca llamado “San Antonio” donde vendía achinería al por mayor, consistente en perfumes, peines, peinetas, polvos, desodorantes, hilos, espejos, cintas de zapatos, pastas de toda clase, aretes, anillos de fantasía, cutex, etc., etc.; el día dieciséis de los corrientes el compareciente fue notificado por el señor colector del mencionado Mercado de que cancelase lo que adeudaba en concepto de impuestos de venta que ascendía a la suma de dieciocho lempiras, pues con ello quedaría garantizado de los daños que podrían causarle la turba de ciudadanos hondureños que enardecidos por tener conocimiento de que en El Salvador el equipo de fútbol hondureño había sido derrotado por la selección de El Salvador; el compareciente manifiesta de que en Honduras existe una animadversión contra los ciudadanos salvadoreños residentes en Honduras, consistente en una envidia en base a que comerciantes salvadoreños trabajan más y por ende adquieren mayores beneficios y ganancias de ellos; que considera que estas circunstancias fueron las que provocaron a que numerosos hondureños se dedicasen a saquear, incendiar y cometer toda clase de atropellos en bienes y personas de ciudadanos salvadoreños; el compareciente manifiesta que el día martes diecisiete del corriente mes, el mismo señor colector del mencionado mercado le manifestó de que fuese a sacar la mercadería que tenía en su establecimiento, y como a eso de las once de la mañana su es-posa ANGELICA CORNEJO, de nacionalidad salvadoreña, se dirigió a recoger dicha mercadería en sacos de yute, pues no tenían otra cosa en qué sacarlos; que a su señora le ayudaron otras amigas de puestos vecinos, pero que al salir a la calle le arrebataron la totalidad de la mercadería una turba enardecida muy numerosa de hondureños, y que su señora por no perder su vida tuvo que huir de dicho lugar; ese mismo día su esposa se vino con destino a El Salvador, quedando el compareciente huyendo en un cerro de pro-piedad de don Baltazar Alegría; en dicho cerro se encontraban muchos salvadoreños huyendo cuyos nombres no recuerda, pero que puede mencionar a su suegro señor Pedro Larios, Roberto Larios, Víctor Larios, Antonio Larios y una familia entera de apellido Ramírez; que el compareciente permaneció huyendo durante seis días, pues tenía verdadero temor de perder su vida, ya que sus bienes los había perdido; que fue hasta el día veinticuatro del corriente mes que se dirigió a la ciudad de Choluteca a recoger su carro “Picap-Daihasu” pequeño, el cual había guardado antes de salir en un solar baldío de pro-piedad de una señora hondureña cuyo nombre no recuerda; que ese mismo día, como a eso de las cuatro de la tarde, salió de Choluteca hacia El Salvador, pero como unos cuatro kilómetros antes de llegar a San Lorenzo el compareciente se vio acosado en medio del camino por más de treinta hondureños armados de machetes y palos, quienes le hicieron parada poniéndosele en medio del camino obligándolo materialmente a detener el vehículo; entre esas personas había gente que lo conocía a él por los numerosos años que tenía de residir en Honduras que inmediatamente le gritaron “Vos sos Guanaco hijo de puta, te vamos a matar”; que acto continuo al declarante lo halaron del brazo izquierdo y lo sacaron del carro, habiendo sufrido un garrotazo en la parte izquierda de la cara, la cual muestra hinchada, del cual casi quedó sin conocimiento; que así mismo sufrió otros garrotazos en otras partes del cuerpo, siendo de los que más molestias le ha causado el de la mano derecha, la cual presenta amoratada; que el declarante quedó semiinconsciente de los golpes sufridos y que traía en la cama del “pikap” unos sacos conteniendo plátanos y guineos que había lo-grado recoger y que la turba creyendo que fueran objetos de mayor valor se dedicó a abrirlos y apropiarse de ellos y fue en esos momentos en que logró escapar, habiéndose cruzado un cerco dirigióse a unas zacateras y de ese modo poder salvar su vida; que el compareciente dejó abandonado su vehículo y se dirigió de nuevo a la carretera, en don-de siguió a pie hacia la ciudad de San Lorenzo y dado conocimiento a su cuñado de lo acontecido, pudo éste en su condición de hondureño ir a recoger el vehículo y poder llevarlo a la ciudad de Choluteca nuevamente, en donde pudo recoger a su madre y hacerle traspaso a su cuñado del mencionado vehículo en forma gratuita; que el día de ayer a eso de las dos de la tarde por El Amatillo cruzó la frontera, ingresando a El Salvador, habiendo perdido todos sus bienes y presentando los golpes de que fue objeto; calcula en la cantidad de cinco mil lempiras, los daños de que ha sido objeto, puesto que el vehículo no lo había cancelado; que no conoció a ninguna de las personas que lo escaparon a matar; que con su esposa procreó en Honduras tres hijos de nombre Cornelio, Carlos Alberto y Yolanda todos de apellido Escobar, de tres años, año y medio y seis años respectivamente; que todos sus hijos son de nacionalidad hondureña habiendo sido inscritos en el Registro Civil respectivo de la ciudad de Choluteca; así se expresó el compareciente, persona que no conozco, pero que he identificado con su Cédula de Identidad Personal antes relacionada, la cual sacó en esta ciudad, el año de mil novecientos sesenta y siete en uno de sus viajes a esta ciudad, puesto que nunca había obtenido la documentación de residente en Honduras; sin embargo el compareciente en el corriente año decidió obtener dicha residencia por lo que muestra al suscrito Notario un documento de la Secretaría de Estado en los Despachos de Gobernación y Justicia República de Honduras, Centro América, la que literalmente dice: “CONSTANCIA.—La suscrita Secretaría de la Gobernación Política, por este medio HACE CONSTAR: Que LEONIDAS ESCOBAR ORTEZ, mayor de edad, casado, comerciante, de nacionalidad salvadoreña, se ha presentado a esta oficina solicitando su permanencia de residencia en el país, por lo que le concedo por encontrarse sus documentos en trámites. Y para los fines que al interesado convengan, se le extiende la presente en la ciudad de Choluteca, a los veintiséis días del mes de marzo de mil novecientos sesenta y nueve. Olimpia de Oyuela—Secretaria. Hay un sello que dice Gobernación Política Choluteca. Dpto. Choluteca. Secretaria (Consulado). Leído que le hube íntegramente todo lo escrito en un solo acto sin interrupción, manifiesta que está redactada conforme su voluntad, la ratifica y no firma por manifestar su impedimento que se encuentra lesionado de su mano derecha, haciéndolo a su ruego la señora Guadalupe del Carmen Joya de Ruiz, oficinista de este domicilio, con Cédula de Identidad Personal número de reposición seiscientos tres mil ochenta; junta-mente con el Notario. De todo lo cual doy fe. Enmendados — dedicó — Mercado — huyen-do — garrotazos — fuesen — Hay — Vale. Entre líneas hondureño — quedó — Vale. Carmen J. de Ruiz. — Rafael Zaldívar, Abogado y Notario.

 

 

ABANDONO DE PERTENENCIAS BAJO LA PRESIÓN DEL TERROR

En la ciudad de Nueva San Salvador: a las dieciséis horas del día treinta de junio de mil novecientos sesenta y nueve. Ante mí, ALFONSO CESAR ROSALES Y ROSALES UMAÑA, Notario de este domicilio, compa-rece a los señores JOSE ESTEBAN NUÑEZ DE GUARDADO y TERESA MENJIVAR ARDON de dieciocho años el primero y de veinte y uno la segunda, agricultor en pequeño el primero y de oficios domésticos la segunda, con domicilio en Puerto Tela, República de Honduras, la segunda compañera de vida del primero, y me dicen: que en la actualidad se encuentran alojados en las instalaciones de la Cruz Roja de esta ciudad; que salieron huyendo de la República de Honduras debido a que la noche del sábado veinte y ocho del mes en curso, llegó un teniente de la Guardia de Honduras juntamente con una escolta de soldados manifestándoles que tenían que desalojar su casa y salir inmediatamente del país amenazándolos con matarlos a balazos y luego tirarlos en las aguas del río Ulúa ; que además de obligarlos a salir les pusieron plazo para hacerlo, diciéndoles que nada más tenían cinco minutos de tiempo; que aproximadamente a la una de la mañana salieron de su casa de habitación juntamente con sus dos menores hijos de edad, una hembra de nombre María Morena Menjívar de tres años de edad y un varón de dos meses de edad, quien se llama José Antonio Menjívar; que todas sus pertenencias las dejaron abandonadas en la misma casa, así como también dejaron dos vacas, tres cerdos y una manada de pollos; que se dirigieron a pie hasta San Pedro Sula en donde abordaron un camión de carga qué los condujo hasta Chalatenango; habiendo llegado a dicho lugar como a las veinte y tres horas del día de ayer; que este día como a las diez de la mañana se dirigieron a la Ciudad de San Salvador llegando a la Cruz Roja a las doce horas del mismo día que luego los condujeron a esta ciudad en un vehículo de la misma institución; que a Chalatenango llegaron propia-mente al cantón llamado El Campo de la Sierpe; que allí pasaron la noche del día de ayer en casa de una familia a quien no saben el nombre; que precisamente en la misma casa han dejado bajo el cuidado a su mayor hija ya mencionada; que ambos son de nacionalidad salvadoreños, habiendo nacido el primero en el Cantón La Laguna y la segunda en el Cantón Las Minas, ambos cantones de la Ciudad de Chalatenango; que sus dos hijos referidos nacieron en el mismo puerto de Tela; que ambos tenían aproximadamente do-ce años de residir en Honduras y que viven maritalmente desde hace cuatro años; que la noche que fueron expulsados de Honduras se dieron cuenta de que los padres de la compareciente fueron golpeados por los mismos miembros de la escolta que antes menciona-ron adentro de la casa de habitación de los mismos debido a que no tuvieron tiempo para salir huyendo, presumiendo que los mata-ron, ignorando qué fue lo que luego hicieron con ellos, pero que escucharon los gritos de terror de sus padres pidiendo socorro y pie-dad a las autoridades que los golpearon; que los nombres de los padres de la que compa-rece son Samuel Ardón y Eulalia Menjívar, quienes vivían como a media cuadra de distancia de donde vivían los comparecientes ; que los padres del compareciente de nombres Lucas Núñez y Julia Guardado huyeron de aquel lugar juntamente con ellos; que dichos señores residían en una casa contiguo a la de los comparecientes ; que los terrenos en donde todos residían habían sido comprados por los padres del que comparece desde hace unos siete años; que estos terrenos tienen cuatro manzanas de extensión cultivados de maíz encontrándose las matas de maíz en la etapa que se llama la dobla; que los comparecientes ignoran los motivos por los cuales han sido expulsados de la República de Honduras; que ninguna de las personas que se encuentran en las condiciones de los compa-recientes o sea expulsados, y que conocían a los padres de la que comparece, les han dado razón de ellos. Así se expresaron los comparecientes a quienes les hice saber los efectos de esta acta notarial y yo el notario doy fe A) de no haberlos identificado por manifestarme ellos no poseer ningún documento de identificación debido a que éstos quedaron abandonados a raíz de su huida; E) de que los comparecientes están en pleno y uso de sus facultades mentales y con plena capacidad legal para otorgar estos actos, y C) de haberles explicado los efectos de esta acta notarial. Así se expresaron los comparecientes, quienes después de haber escuchado la lectura en un solo acto íntegramente de todo lo escrito, ratificaron su contenido y no firman por manifestar no saber hacerlo, pero a ruego de los mismos lo hacen el Br. Rodrigo Armando Mayén Girón, quien es mayor de edad, estudiante de derecho con domicilio en San Salvador, dejando únicamente los que comparecen la huella digital de su respectivo dedo pulgar derecho. TESTADO. ot — para amanecer el día domingo — un pueblo — de la emn — h — NO VALE.— Jo-sé Esteban Núñez de Guardado. — Rodrigo Armando Mayén Girón. — Alfonso César Ro-sales y Rosales limeña, Abogado y Notario.

 

 

SOLDADESCA MATA A GOLPES A UN MENOR

En la ciudad de Santa Rosa de Lima, a las catorce horas del día primero de julio de mil novecientos sesenta y nueve. Ante mí, José Gregorio Ascencio, Abogado y Notario, de este domicilio y de la ciudad de Usulután, comparece la señora Rosa Irma Álvarez, de veintitrés años de edad, de oficios domésticos, con actual residencia en el Cantón Tizate, jurisdicción de Anamorós, Distrito de Santa Rosa de Lima, Departamento de La Unión, persona a quien no conozco pero la identifico por medio de los testigos Tránsito Ángel, de cincuenta años de edad, y de este domicilio y de José Fredy Torres González, de treinta y un años de edad, y también de este domicilio, con sus Cédulas de Identidad Personal números cuarenta mil quinientos sesenta y nueve y trescientos setenta y nueve mil seiscientos cuarenta y seis de reposición, personas de mi conocimiento y que afirman conocer a la compareciente y me dice la señora Álvarez, que residía en el Departamento Paraíso en la hacienda La Loma, jurisdicción de Danli, República de Honduras, que en dicho lugar, tenía su hogar junta-mente con su amasio Pedro Antonio Rubio, que de dicha situación habían procreado al menor Ángel Mario Álvarez, de once meses de edad, y al mismo tiempo estaba embarazada teniendo siete mes de gestación; que el día martes diecisiete de junio del presente año como a eso de las diecisiete horas más o menos, llegaron unos hombres uniformados de militares hondureños y le dijeron que como era salvadoreña tenía que salir de Honduras; que acto seguido golpearon a la dicente con los fusiles que portaban y además agredieron al menor antes mencionado; que de los golpes que recibió el menor, murió al día siguiente y que el día jueves diecinueve de junio del presente año, le vino una fuerte hemorragia y como consecuencia tuvo que abortar el ser que tenía en sus entrañas; que la compareciente recibió golpes de los fusiles en todas partes de su cuerpo sin haberles dado ningún motivo, diciéndole los hombres que la golpeaban que eso lo hacían porque era salvadoreña. Que después del aborto se dirigió a la República de El Salvador y al llegar a la frontera El Amatillo inmediatamente fue llevada por una ambulancia al Hospital de la ciudad de San Miguel. Expliqué a la otorgante los efectos legales de esta acta que está redactada en una hoja de papel simple y leída que le hube íntegramente y en un sólo acto a presencia de los testigos arriba mencionados, la ratifica y firmamos. Doy fe.—Enmendado—Lima —seis-cientos— hombres— Vale.—Rosa Irma Álvarez.— Tránsito Ángel.—J. G. Ascencio, Abogado y Notario.

 

 

INCENDIOS MASIVOS DE VIVIENDAS SALVADOREÑAS

En la Ciudad de Nueva San Salvador, a las quince horas y cuarenta y cinco minutos del día primero de julio de mil nove-cientos sesenta y nueve. Ante mí, César Alfonso Rosales y Rosales Umaña, Notario del domicilio de San Salvador comparece el señor José Chavarría, de nacionalidad salvadoreña, de cuarenta y cinco años de edad, jornalero con domicilio de Pinalejo del Departamento de Santa Bárbara, República de Honduras, y actualmente con residencia accidental en esta ciudad, con Cédula de Identidad Personal número un millón doscientos setenta y siete mil veinte expedida en la Ciudad Citalá el veinticuatro de enero de mil novecientos y cinco y me solicita que le haga constar la siguiente declaración: Que tenía de residir en Honduras cinco años aproximada-mente, juntamente con su compañera de vida de nombre Vicente Isabel Ramos García, con quien ha procreado cinco hijos de nombres Eduardo, Julio, Blanca Lidia, María del Tránsito y Ana Lucía, todos de apellido Ramos García; que las últimas dos son la únicas nacidas en Honduras; que durante todo el tiempo que han vivido en Honduras el declarante se ha dedicado a la agricultura, cultivando maíz y frijoles; que precisamente en la actualidad tenía cultivado más o menos cinco manzanas de los productos mencionados; que la casa en que residía era un rancho de paja; que el día viernes veinte del pasado mes de junio como a las diecinueve horas un grupo de personas hondureñas andaban en todo el pueblo quemando las casas, pues la mayoría de las casas de dicha población eran habitadas por salvadoreños que aproximadamente vivían en ese pueblo de tres mil a cuatro mil salvadoreños; que en vista de todo lo que está ocurriendo el declarante juntamente con su amasia y los tres hijos menores huyeron de ese sitio; que también lo hicieron sus dos hijos mayores, pero que luego desaparecieron debido a las confusiones que se suscitaron; que llegaron a San Ignacio, Departamento de Chalatenango; que desde Honduras hasta dicho lugar se condujeron a pie, es decir caminando; que durante todo el tiempo que duró la travesía ha permanecido sin comer y sin dormir; que en la casa en que habitaban el declarante y su familia dejó abandonada entre otras cosas, aproximada-mente treinta y cinco fanegas de maíz, nueve cerdos, nueve sacos de papa, ropa de uso personal y otras cosas de poco valor; que el declarante estima que las pérdidas que para él ha representado la huida a este país ascienden a dos mil trescientos lempiras; que el compareciente juntamente con su señora y sus hijos presenciaron con exactitud cómo fue destruido por completo por las llamas el caserío en que habitaban y consecuentemente su casa de habitación; que hasta el momento ignora el paradero de sus dos hijos mayores; que el declarante pide a las autoridades de esta República su intervención con el objeto de que el Gobierno de Honduras le indemnice por los daños y perjuicios que le han ocasionado. Que en este país ni el declarante ni su señora tienen ningún familiar, ni pariente que les pueda ayudar. Yo el suscrito notario DOY FE: a) que la presente acta notarial consta únicamente de esta hoja de papel simple; b) Que no conocía al compareciente, pero lo identifiqué con su documento de identidad antes relacionado; e) que la presente declaración ha sido otorgada a solicitud del compareciente y voluntariamente; d) Que le expliqué los efectos legales de este instrumento y leído que le hube lo escrito íntegramente manifiesta que está redactado a su voluntad, lo ratifica y no firma por manifestar no saber hacerlo, pero a su ruego lo hace el Bachiller Rodrigo Armando Mayén Girón, quien es estudiante de Derecho, mayor de edad y del domicilio de San Salvador ; dejando el declarante para constancia la huella digital de su dedo pulgar derecho. Enmendado: precisa-mente, mayores, destruido, voluntariamente. Valen. César Alfonso Rosales y Rosales U-maña, Abogado y Notario.—Rodrigo Arman-do Mayén Girón.

 

 

DESTRUCCIÓN Y MUERTE: NIÑO ENTRE LOS ESCOMBROS

En la ciudad de Nueva San Salvador, a las dieciséis horas del día primero de julio de mil novecientos sesenta y nueve. Ante mí, Alfonso César Rosales y Rosales Umaña, Notario, del domicilio de la ciudad de San Salvador comparece el señor José Santiago Rodríguez, de veintidós años de edad, motorista del domicilio de la ciudad de Tegucigalpa, República de Honduras, y accidental-mente de esta ciudad, y me dice: Que nació en la ciudad de Guazapa, departamento de San Salvador, el diecinueve de junio de mil novecientos cuarenta y ocho; que en mil novecientos sesenta y tres trabajaba el declarante con la Compañía Columbus del Perú, la cual realizaba trabajos de ingeniería en Honduras y El Salvador ; que fue asignado por tal Compañía a trabajar en Honduras en construcción de carreteras; que en Tegucigalpa conoció a la ciudadana hondureña El-vira Rosales con quien procreó un niño varón; que el día veintiséis del presente mes el compareciente se encontraba trabajando en Puerto Cortez a la orden de la Compañía antes referida, cuando como a las nueve de la mañana los funcionarios de tal Compañía ordenaron a todos los trabajadores salvadoreños que allí trabajaban se trasladaran a El Salvador pasando por Tegucigalpa a guardar los vehículos y reportarse a la sede de la compañía, con el fin de evitar que fueran maltratados por los hondureños, ya que la situación contra los salvadoreños se generalizaba en toda Honduras, que fue así como a las nueve y media de esa mañana salió el declarante de Puerto Cortez conduciendo el camión que se le había asignado hacía Tegucigalpa ; que como a las cinco de la tarde de ese mismo día veintiséis de junio llegó el compareciente a Tegucigalpa y entregó el camión a la compañía, dirigiéndose a su casa de habitación que estaba situada en el barrio Santa Anita, Calle Comayagüela, y al llegar a su casa, que era una habitación de mesón, la encontró totalmente destruida y en el patio vio a su hijo muerto, Eduardo Antonio Rosales de dos años de edad; que inmediatamente después sintió terror de que las turbas también lo asesinaran a él y huyó para la frontera salvadoreña por medio primeramente de un camión y después por los montes llegando como ha dicho a la frontera el día lunes treinta de junio de donde fue trasladado este día a este local de la Cruz Roja de esta ciudad. Que no sabe cuál fue la suerte de su compañera de vida. Yo el notario doy fe de no conocer al señor Santiago Rodríguez, quien se identificó por medio de una certificación de su Partida de Nacimiento extendida en la Alcaldía Municipal de Guazapa el día cinco de mayo del presente año, siendo el único documento que tiene en su poder, pues los demás los perdió en la huida. Así se expresó el compareciente, quien después de haber escuchado la lectura que íntegramente y en un solo acto le hice de todo lo escrito ratificó su contenido y firmamos. Enmendado.—el ya—efectos—lega-les.—Vale. José S. Rodríguez.—César Alfonso Rosales y Rosales Umaña, Abogado y Notario.

 

 

CALVARIO DE UNA MADRE TRAS LA MUERTE DE SU ESPOSO

En San Salvador, a las dieciséis horas y cincuenta minutos del día primero de julio de mil novecientos sesenta y nueve. Ante mí Luis Nelson Segovia, Notario de este domicilio, comparece la señora María Dolores Ayala, de dieciséis años de edad, de oficios domésticos, antes del domicilio de la Villa El Triunfo, departamento de Choluteca en la República de Honduras. Ahora sin domicilio y dice: que desde hace cinco años en compañía de su madre Julia Ayala se instala-ron en la población de la Villa El Triunfo en donde conoció a su marido José Lucas Jovel, también de nacionalidad salvadoreña; que su familia arrendaba cuatro manzanas al señor Fernando Cisneros también de nacionalidad salvadoreña; que el día quince del mes recién pasado, como a eso de las once de la noche una turba como de veinte hombres vistiendo uniforme azul y portando fusiles, llegaron a su casa exigiéndoles a toda su familia que abandonara el lugar que en esos momentos habitaban; que como su marido José Lucas Joyel les mostrara sus documentos y exigiera que les respetaran sus derechos, los tipos de uniforme le pegaron golpes con la culata de sus fusiles, desnudándolo, arrastrándolo de los testículos y dándole de golpes y garrotazos hasta que lo dejaron muerto; que la dicente pudo constar la muerte de su marido Lucas Jovel porque se acercó al cadáver de él, que estaba completamente destrozado; que como la turba les incendiara el rancho la dicente juntamente con su hija que apenas tenía ocho días de nacida y con su madre Julia Ayala y demás hermanos, huyeron como pudieron del lugar de los hechos y por medio de veredas durante tres días y tres noches pudieron llegar hasta el puesto fronterizo de El Amatillo; que la dicente se encuentra nueva-mente en su país con los brazos cruzados, porque no pudo tan siquiera recoger ni un centavo y que solamente tiene a su pequeña hija de veintitrés días de nacida. Así se expresó la compareciente, a quien no conozco ni pude identificar mediante documentos por-que conforme a relato que ha dejado expresado, no tuvo tiempo de sacar documentos ni otros papeles y bienes muebles; le expliqué los efectos legales de este instrumento y leído que le hube lo anterior, íntegramente, en un solo acto ininterrumpido, ratifica el contenido por ser su voluntad y no firma por manifestar no poder hacerlo, pero deja la impresión del pulgar derecho y firma a su ruego el ingeniero Ernesto Oquelí Colindres de treinta y tres años, Ingeniero Civil de este domicilio, de nacionalidad hondureña, con carnet de Centroamericano residente número dos mil novecientos ochenta y cinco. Doy fe. Enmendado — habitaba — arrendaba —también — Lucas — este — Vale.— Ernesto Oqueli C. — L. N. Segovia, Abogado y Notario.

 

 

TURBAS ASESINAN A SEÑORA Y DOS HIJOS

En Tejutla, departamento de Chalatenango, a las dieciséis horas del día primero de julio de mil novecientos sesenta y nueve. Ante mí, José Enrique Burgos Martínez, Notario, de los domicilios de Tejutla y de Aguilares, comparece el señor Dolores Adalí Navarro, persona a quien no conozco, pero identifiqué por medio de su Cédula de Identidad Personal número un millón setecientos diecisiete mil ochocientos ochenta y tres, de la que aparece que es de treinta años de edad, sastre, y hasta hace poco del domicilio de Atlántida, República de Honduras, y me di-ce: que nació en El Carrizal de jurisdicción de Dulce Nombre de María, departamento de Chalatenango, y desde hace ocho meses más o menos el declarante se trasladó al kilómetro diecisiete de Esparta, jurisdicción del departamento de Atlántida, República de Honduras, con el objeto de dedicarse a la agricultura; que el día dieciocho de junio recién pasado el declarante presenció cuando turbas de hondureños procedieron a matar con arma blanca delante del otorgante a la señora María Dolores Salgado y a sus dos menores hijos, todos salvadoreños y a quienes mata-ron los hondureños para robarles el dinero que según toda la gente habían recogido como producto de su trabajo; que en vista de los crímenes que se estaban cometiendo con los salvadoreños que residían en Honduras el declarante juntamente con su esposa, optó por huir hacia El Salvador, por montes y veredas debido a que tenían miedo de que los mataran las turbas hondureñas; que ingresó al país el sábado por la ruta de San Fernando; que el declarante además de haber presenciado cuando mataron a la señora Salgado y a sus hijos, también presenció cuando los enterraron, ya en estado de putrefacción, y el declarante podría señalar y enseñar el lugar en donde están enterrados; que el declarante se pudo dar cuenta de los crímenes y atropellos que han cometido las turbas hondureñas en ciudadanos salvadoreños; que el compareciente es originario de El Carrizal y a ese lugar se piensa dirigir, no obstante que no tiene ningún medio de vida, ya que los pocos bienes que tenía los perdió al abandonar en forma precipitada el hogar que había establecido en Honduras; que el declarante estima los bienes que ha perdido en la cantidad de ochocientos colones. Y leído que le fue por mí todo lo escrito, íntegramente. En un solo acto sin interrupción, después de haberse explicado los efectos le-gales de este acto. lo ratifica y firma. Enmendado — identifiqué— El— población—Ruta— crímenes— explicado—Vale. Testa-do— esta—e—No vale. Entre líneas —mes —Vale. Más enmendado— nos—Vale. Adalí Navarro.—José Enrique Burgos Martínez, Abogado y Notario.

 

 

UN NIÑO VE LA MUERTE HORRENDA DE SUS PADRES Y HERMANOS

En la ciudad de San Salvador, a las doce horas y quince minutos del día veintiuno de julio de mil novecientos sesenta y nueve. Ante mí, Rafael Zaldívar Brizuela, mayor de edad, notario y de este domicilio, comparecen el señor Monseñor Lorenzo Graziani, Obispo de la Diócesis de San Miguel, de cuarenta y ocho años de edad y el menor Oscar Armando Hernández, de diez años de edad y el primero dice: que el día viernes dieciocho como a las tres de la tarde, el declarante se encontraba en la aldea San Carlos, en la escuela pública en donde se encontraba un puesto de prime-ros auxilios, encontrándose también allí el teniente Felipe Villanueva, cuando llegaron dos soldados, quienes llevaban, para entregarlo al expresado oficial, al menor compareciente, a quien habían encontrado, solo, en el puente El Amatillo; que al ser entregado al Tte. Villanueva, éste lo interrogó, habiendo manifestado el expresado menor que venía desde Nacaome, a pie y caminando solo y que en dicha ciudad le habían matado a su padre, madre y dos hermanos y que él pudo salvarse introduciéndose en un hornillo; que en vista de lo anterior, el declarante lo recogió y en la actualidad se encuentra con él en la ciudad de San Miguel. El segundo de los comparecientes, manifiesta: que el día martes como a las siete de la noche, soldados hondureños, llevando dos camiones por delante para que les alumbraran, pues la ciudad de Nacaome se encontraba a oscuras, iban introduciéndose en las casas de los salvadoreños residentes en dicha ciudad, armados de pistolas, machetes y garrotes y cuando miraban a los salvadoreños, los maltrataban como que si fueran “conejos”; que dichos soldados llegaron a la casa en que vivían el deponente y sus padres y dos hermanos, de nombres Tereso Villa-toro, su padre, Filomena Hernández, su madre y sus hermanos Lázaro Hernández y Manuel Hernández, de veintiún y dieciocho años, respectivamente, habiéndose introducido a la misma violentamente y con las armas que portaban dieron muerte a todos los miembros de su familia mencionados, haciéndoles disparos y dándoles de machetazos y una vez se encontraban muertos, los echaron en unos sacos y los lanzaron a un río que se encuentra por los cañaverales; que el declarante se salvó de ser muerto, porque se introdujo en un hornillo que tiene la casa; que el declarante vio que en el camión en que llevaron a sus padres también llevaban varios cadáveres que lanzaron al río, e incluso iban algunos que aún iban vivos, pero amarrados de las manos y así los lanzaron al río; que el deponente al encontrarse sin padres, optó por venirse a El Salvador a pie, por los montes, habiendo caminado como cuatro días, hasta que llegó al lugar llamado El Amatillo en donde fue recogido por dos soldados, quienes lo llevaron donde el teniente Villanueva, encontrándose en la actualidad en poder del padre Graziani; que los hechos relatados ocurrieron el día martes quince del mes en curso; que el declarante logró llegar a El Salvador, porque en dos oportunidades había venido con sus padres; que también le consta que incendiaban la casa de cada salvadoreño que iban matando; no sabiendo si incendiaron la casa en que el declarante vivía con sus padres, porque salió huyendo. En este estado el menor manifiesta que sus padres eran de nacionalidad salvadoreña y que desde que tenía cinco años lo llevaron a la ciudad de Nacaome, por cuya razón el declarante se considera salvadoreño, no pudiendo precisar, dada su temprana edad, en que se fue, el lugar en que nació en esta República. El suscrito notario da fe de que el menor ha declarado con suficiente discernimiento; que el primero de los declarantes, es persona del entero conocimiento del suscrito; que les expliqué los efectos legales de esta acta notarial y leído que les fue por mí, todo lo escrito, íntegra-mente, en un solo acto y sin interrupción, manifiestan. que está redactado conforme a su voluntad, ratifican su contenido y firmamos, excepto el menor Oscar Armando Hernández, por no saber hacerlo, pero deja, en su defecto, la impresión de la huella digital de su pulgar derecho y firma a su ruego el bachiller Ricardo Mejía Angulo, mayor de edad, estudiante de Derecho y de este domicilio, persona de mi conocimiento. Doy fe. Enmendado— En— Salvador— Diócesis—disparos— había— Vale.— Testados— los—No vale. Monseñor Lorenzo Garziani.— Ricardo Mejía Angulo.— Rafael Zaldívar Brizuela, abogado y notario.

 

 

IMPLACABLE CACERÍA DE SALVADOREÑOS

En Nueva San Salvador, a las once horas del día 2 de julio de mil novecientos sesenta y nueve. Ante mí, Carlos Edmundo Novoa, notario autorizado y del domicilio de San Salvador, comparece el señor Leopoldo García, quien no sabe firmar, salvadoreño, jornalero, del domicilio del Higuito, Departamento de Santa Rosa de Copán, República de Honduras, y actualmente con residencia accidental en esta ciudad y a solicitud me pide le haga constar la declaración siguiente: que te-nía el compareciente tres años de vivir en El Higuito, Departamento de Santa Rosa de Copán, República de Honduras, lugar a donde había emigrado con el objeto de dedicarse a la agricultura, en donde se “arrejuntó” con una hondureña llamada Juana Antonia Isidro; que así había vivido tranquilamente en el citado lugar hasta el día sábado catorce de junio del corriente año, que llegaron a su rancho donde vivía a capturarlo agentes de autoridad denominada DIN, habiéndolo amarrado y se lo llevaron a la montaña en busca de otros salvadoreños que vivían en esos lugares; que como a las siete de la noche de ese mismo día los mismos agentes junto con el compareciente llegaron hasta un rancho donde vivía un salvadoreño a quien el declarante no le sabía su nombre; que inmediata-mente después que lo sacaron del rancho vio y presenció cuando lo mataron a balazos y machetazos sin decirle absolutamente nada, dejándolo tirado a la orilla del rancho; que sabe el compareciente que el señor era de San Miguelito del Departamento de Chalate-nango; que así continuaron toda la noche buscando salvadoreños hasta como a la una de la mañana que llegaron a un rancho siempre en la montaña y al llegar a un rancho para inspeccionar si había salvadoreños, uno de sus captores soltó el lazo para entrar a la choza y como únicamente lo traían amarrado del brazo cogió el lazo y salió huyendo internándose siempre en la montaña y dirigiéndose a la frontera de El Salvador por el puesto fronterizo de El Poy, habiendo llegado a este lugar como a las ocho de la noche del día quince de junio próximo anterior. Yo, el suscrito notario, doy fe: a) que la presente acta notarial consta únicamente de esta hoja; b) que no conocía al compareciente pero que lo identifiqué con su respectiva Cédula de Identidad Personal número ciento treinta y cinco mil ciento cincuenta y ocho, expedida en Citalá, Departamento de Chalatenango, el diecisiete de octubre de mil novecientos sesenta; c) que la presente acta notarial me fue solicitada para exponer su declaración el compareciente en forma voluntaria; e) que le expliqué los efectos le-gales de esta acta notarial; y d) leído que le hube lo escrito íntegramente en un solo e ininterrumpido acto manifestó estar redactada conforme su voluntad, ratificó su con-tenido y no firma por manifestar no saber, pero a su ruego lo hace el bachiller Carlos Hernández Pérez de treinta y seis años, empleado y del domicilio de San Salvador, dejando el compareciente la impresión digital de su pulgar derecho. De todo doy fe. Enmendado– Hoyos– solicitud— siempre—junio— a— García— efectos— Vale. Entre líneas— número—Vale.— Carlos Hernández Pérez.— Carlos Edmundo Novoa, abogado y notario.

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