Campos de Concentración

La historia de los campos de concentración de salvadoreños en Honduras, es una cara de la guerra que se ha tratado y distorsionar y hasta de ocultar, no solo por la historia hondureña sino también por organismos como la OEA, que llego en su momento a llamar a los  que ahí se encontraban prisioneros utilizando eufemismos como el de <<internados>> o <<retenidos>>. El gobierno hondureño incluso afirmo falsamente que los salvadoreños estaban en esos campos para <<su propia protección>>.

Por concepto, un campo de concentración es un centro de detención o confinamiento donde se encierra a personas por su pertenencia a un colectivo genérico en lugar de por sus actos individuales, sin juicio previo ni garantías judiciales.

Se comenzaron a recibir informaciones en El Salvador a partir del 29 de julio, acerca de que a lo largo del territorio hondureño se habían establecido campos de concentración en los cuales cientos de salvadoreños estaban detenidos sin formación de causa, contrariando todo principio jurídico y humano. En estos campos se llegó a retener solo por el hecho de su nacionalidad a por lo menos 15000 salvadoreños, quienes eran mantenidos en condiciones infrahumanas, durmiendo a la intemperie, bajo el sol o la lluvia, sin agua potable o servicios sanitarios, ni atención medica de ninguna clase. Su dieta alimenticia era exigua y consistía, según el campo, de solo 1 plátano sancochado o 1 mango con chile, o un pedazo de pan con café, consumiéndose solo 1 ración al día. Los campesinos salvadoreños eran despojados de cualquier cantidad de dinero, objetos de valor o cualquier artículo de utilidad personal que pudieran poseer antes de salir del país.

Los que pudieron hacerlo por vía aérea, eran registrados minuciosamente y despojados de todo por los empleados de aduana y migración. Los hombres eran investigados para determinar que no pertenecían a la reserva del Ejército salvadoreño, haciéndoles pruebas de orden militar. Al comprobar su falta de instrucción militar eran agregados a las listas de los que serían liberados por gestiones de la OEA.

La OEA constantemente mintió acerca de estas condiciones ya que los reportes proporcionados por ellos eran totalmente lo opuesto a lo dicho por los miles de connacionales que fueron víctimas de estos campos. El trato narrado por los salvadoreños capturados iba desde la detención arbitraria, las condiciones inhumanas, las golpizas, el despojo, los asesinatos y finalmente las expulsiones.

Los salvadoreños que continuaron siendo expulsados después de la guerra traían noticias desoladoras de lo que ocurría en estos campos. En algunos de ellos los salvadoreños eran sacados de 100 en 100, se les dejaba correr a través del campo y luego eran perseguidos por hombres armados para matarlos. En otros casos fueron obligados a cavar fosas y se les sepulto vivos en ellas. También se recibieron noticias de que en el campo AGAS (Asociación de Ganaderos de San Pedro Sula) los prisioneros con grado militar y los enfermos eran sacados del campo sin saberse nunca más de ellos. Periódicamente llegaban informes sobre numerosos compatriotas que eran lanzados a ríos, amarrados de pies y manos, específicamente al rio Ulúa.

El gobierno hondureño trato de hacer creer que estos detenidos eran prisioneros de guerra o delincuentes comunes, en su afán por desmentir las acusaciones salvadoreñas ante los organismos internacionales. Por la información de que disponemos hasta este momento, podemos mencionar que existieron  31 campos distribuidos de la siguiente manera: 4 en Olancho, 5 en Yoro, 2 en Atlántida, 5 en Cortés, 2 en Comayagua, 1 en Intibucá, 2 en Colón, 1 en Choluteca, 1 en Tegucigalpa, 1 en Nacaome, 4 en Santa Bárbara, 2 en La Paz y 1 en Valle.  El 24 de agosto La Prensa Gráfica informaba de que aun permanecían en estos campos de concentración 10843 salvadoreños. Los campos que mayor número contaban a ese entonces eran: San Pedro Sula (AGAS) 2604, Progreso con 1466, Tela con 908, Choluteca con 513, Santa Bárbara con 803, La Ceiba con 812, Comayagua con 400, La Esperanza con 409, Juticalpa con 226, Catacamas con 101, Morazán con 261, Omoa con 294, Sonaguera con 275,  La Laguna con 250, Santa Rosa de Copán con 179, Macuelizo con 400, La Paz 204, Tegucigalpa con 459, y el resto con unos prisioneros que oscilaban entre los 5 y los 50.

Nuestra cancillería, tan pronto tuvo noticia de esta situación elevo su más enérgica protesta ante la OEA. Esta organización El gobierno hondureño afirmaba el 30 de agosto que no había ya más salvadoreños detenidos. Posteriormente se comprobó que esta noticia era falsa, pues aunque muchos de los detenidos habían sido puestos en libertad, otros habían sido trasladados a otros campos todavía existentes en territorio hondureño.  No fue sino hasta finales del año 1969 que terminaron de funcionar los campos de concentración.

Al formar campos de concentración para salvadoreños, Honduras incumplió el IV tratado de los Convenios de Ginebra y que define la protección humanitaria para los civiles en una zona de guerra.

 

DESCRIBE EL HORROR DE LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN

 

Yo, Miguel Ángel Lara Granillos, mayor de edad, casado, albañil, del domicilio del barrio Cabañas, San Pedro Sula, República de Honduras, pero de nacionalidad salvadoreña, con pasaporte como tal, número 25067 y con tarjeta de identificación firmada en Tegucigalpa el 18 de noviembre de 1964 de la Secretaría de Estado en los Despachos de Gobernación y Justicia de la República de Honduras, con número de orden 8132, de fecha de resolución N9 9546 del dieciocho de noviembre de mil novecientos sesenta y cuatro, por medio del presente documento declaro: Que soy de nacionalidad salvadoreña, que entré a Honduras el primero de octubre de mil novecientos sesenta por la frontera de El Amatillo con el pasaporte salvadoreño N9 25067; que fui a residir al barrio Cabañas en la ciudad de San Pedro Sula, Departamento de Valle; que el 3 de abril de 1965 me casé en la ciudad de Tela, Departamento de Atlántida, con la señorita Esther Borja Torres, hondureña por nacimiento con quien procreé tres hijos que se llaman: Aracely, Samuel, Elisabeth, todos de apellido Lara, nacidos todos ellos en San Pedro Sula.

Obtuve mi residencia como emigrante de primera clase el diez de febrero de 1964, firmando dicha constancia el señor B. Aguirre Gutiérrez como encargado de la Secretaria de Estado en los Despachos de Gobernación y Justicia en Tegucigalpa, República de Honduras, a los 18 días del mes de noviembre de 1964. Fui hecho prisionero el 16 de julio de 1969 a las 12 meridianas, únicamente porque soy salvadoreño, me capturó una patrulla civil y fui recluido 2 días en el Estadio Morazán de San Pedro Sula, después fui trasladado al Campo del AGAS en donde estuve confinado un mes y cuatro días y fui puesto en libertad el día veintiuno de agosto de mil novecientos sesenta y nueve; no sé los nombres de los patrulleros que me capturaron, pero el jefe de los mismos se llama Armando Bonilla Gaster (alias Puxe), dicho señor Bonilla fue sustituido por un señor de apellido Funes.

Los tres primeros días que pasé de-tenido en el AGAS, ni a mí, ni a mis compa-ñeros de cautiverio nos proporcionaron ni agua, ni comida. También declaro que las autoridades hondureñas nos rompen a todos los salvadoreños nuestros documentos y constancias de residencia a fin de hacernos aparecer como indocumentados y así podernos expulsar de Honduras sin tener derecho a ningún reclamo por ello. Me consta porque lo he visto, que las escrituras de las propiedades de los salvadoreños las tienen confiscadas en las alcaldías de San Pedro Sula, Tela y La Ceiba. Cuando salí en libertad del campo de prisioneros AGAS quedaron detenidos 1.500 (un mil quinientos) salvadoreños y cuando nos ponen en libertad a los salvadoreños nos dan 20 días como máximo para salir de Honduras. Cuando somos liberados no podemos ir a dormir a nuestros propios hogares porque el que se aventura a hacer eso corre el peligro de morir, pues las patrullas civiles llegan a sacarnos a los que encuentran en sus hogares de noche para darles muerte. Nuevamente declaro: que los soldados del señor Aquilino Reyes que es el comandante del barrio de Cabañas de San Pedro Sula, por medio de alto parlantes continuamente amenazan de muerte a los salvadoreños, que los salvadoreños que están detenidos en San Pedro Sula, Tela y La Ceiba, los sacan de noche en grupos de tres personas para no ser notorio y así darles muerte, pero que primero les hacen traspasar sus propiedades a hondureños.

Continúo declarando que a las esposas e hijas de los salvadoreños presos las violan los soldados a la vista de los mismos detenidos. Sigo declarando que en los campos de prisioneros éramos tratados inhumanamente al grado que nos obligaban a permanecer tendidos de espaldas y desnudos completamente a la intemperie, estando continuamente con cuatro ametralladoras que nos apuntaban. Salí de Honduras por el Aeropuerto La Mesa de San Pedro Sula y antes de salir fui totalmente registrado para ver si tenía joyas o dinero y las autoridades de emigración me exigieron entregar los lempiras que traía, diciéndome que en el extranjero de nada me iban a servir los lempiras, personalmente pude constatar que a todos los salvadoreños que salen por el referido Aeropuerto de La Mesa nos quitan todo el dinero y prendas de valor y lo guardan en dos cajas de hierro que tienen en ese mismo cuarto. Vine a Managua el mismo día dos de septiembre entrando por el Aeropuerto de Las Mercedes y actualmente resido en la Casa Pastoral de la Iglesia de Dios, que sita del Centro Médico una cuadra al Sur en esta ciudad capital. En fe de lo anterior firmo la presente en duplicado en la ciudad de Managua, a los tres días del mes de septiembre de mil nove-cientos sesenta y nueve. — Miguel A. Lara. El infrascrito notario público de la República de Nicaragua, certifica que la firma que antecede y dice: “Miguel A. Lara” fue puesta en mi presencia por el señor Miguel Ángel Lara Granillo, declaración que éste rindió en mi presencia de su libre y espontánea voluntad. Managua, Distrito Nacional, septiembre tres de mil novecientos sesenta y nueve. —Foja anterior NQ 1685897. — Orlando E. Sevilla, abogado y notario público.

 

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El Dr. Manuel Bianchi de Chile, miembro de la comisión de derechos humanos de la OEA interroga a salvadoreños en el campo de concentración del estadio de Tegucigalpa. La OEA informaba que los prisioneros estaban siendo liberados a razón de 15 a 20 por día.

 

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Fotos Diarios La Prensa Gráfica, El Diario de Hoy, Diario Latino, El Mundo. El Salvador años 1968, 1969, 1970.

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